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03 junio 2008

Intertextualidad 2 MEMORIA LENGUAJE

Aún me siento molesta ¿Enojada? ...
Sin embargo trato de despejar los pensamientos, de ignorar y hacerme la superada con mis propios pensamientos, molestias y ¿enojos? y me dispongo a leer mis clases de posgrado. Mientras comienzo a leer, cosas van y vienen en el cerebro que tiene esa maldita y brillantemente genial parte inconsciente que trae cosas como desde un profundo mar hacia la orilla.
Bueno, basta, de mar, de orillas de pensamientos....
Mate en mano, música. home sweet home. ohmmmmmmmmmmmmmmm
Y me dispongo a leer. Y luego de un rato en una de las paginas de la CLASE 2:

[...] Advierte Walter Benjamin, en sus Tesis de la Filosofía de la Historia (1940), que "articular históricamente lo pasado no significa «conocerlo como verdaderamente ha sido». Consiste, más bien, en adueñarse de un recuerdo tal y como brilla en el instante de un peligro". Acaso por ello, el Funes de Borges aunque gozaba de una memoria fotográfica (en verdad, justamente por ello), no podía conocer. Recordaba cada detalle, pero el arte de la abstracción y la distinción, necesarios a todo proceso cognitivo, le eran desconocidos.

Las tradiciones irracionalistas sostienen que la experiencia no puede expresarse en palabras y no es analizable. En todo caso no creen que el lenguaje sea el medio más adecuado para representarla. [...]

Recordé mas molesta aún que nunca había leído el cuento que nombraste, citaste, enviaste y lo busque y leí al fin de una vez (http://www.zap.cl/cuentos/cuento158.html)
Y el cuento me dejo resonando la inevitable manera que mi persona tiene de archivar los recuerdos, mi memoria inagotable ¿útil? pero sin sentido... y el miedo a la critica que a la memoria de Funes le hacen las palabras de mi clase: gozaba de una memoria fotográfica (en verdad, justamente por ello), no podía conocer. Recordaba cada detalle, pero el arte de la abstracción y la distinción, necesarios a todo proceso cognitivo, le eran desconocidos.




Entonces todos mis pensamientos, molestias, enojos, incomodidades mentales volvieron y se instalaron en mi atardecer de MARTEs interrumpiendo mi objetivo de estudiar. Y entre tantas molestias, me pregunte una y otra vez porque no te hable, porque no me sale hablarte y no te digo lo que siento decirte, si es porque vos no hablas, si es porque no quiero hablar pero se me hace inevitable querer hacerlo... ¿Por que necesito hablarte, hablar, que hablemos? ¿y porque si lo necesito no lo hago?

¿Será que la frase de mi agenda esta semana tiene un Proverbio hindú que dice: Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio? No se si mis palabras... ¿Seran mejores que el silencio? Depende que silencio. ¿No?...
Y con esta galleta de nudos enredados de pensamientos que terminaron por teñirme de tristeza, volví al cuento... porque ya en mis recuerdos, en mi memoria había encontrado un hueco un renglón también triste del cuento de Funes el Memorioso que recién leí:

[...] Lo cierto es que vivimos postergando todo lo postergable; tal vez todos sabemos profundamente que somos inmortales y que tarde o temprano, todo hombre hará todas las cosas y sabrá todo. [...]

26 febrero 2008

Intertextualidad 1 ROMA CITTÀ APERTA




Ni Roma podía ahogar las penas de ella, la tristeza que traía. Caminaba por una ciudad en la que había soñado estar sin la posibilidad de poder disfrutarlo. Nada tenía sentido.
Todo se veía a través de rejas, puertas, se veía sin apertura visual. Sin poder ver más allá.
Sin embargo, las grandes ciudades tienen esa magia. Ese segundo de cruzar miradas en la diversidad, heterogeneidad, la magia de pedir fuego, simplemente fuego en una última tarde en Roma. Y que entonces de golpe se pueda no solo ver a través de las cosas, sino de la gente y generar movimiento.
El en cambio, disfrutaba cada segundo que respiraba en esa Ciudad, como si respirando profundo y observando cada movimiento pudiese retener a Roma en el alma para siempre.
Para ambos era la última tarde en Roma, si bien esto tenía un significado diferente para cada uno de nosotros. El sabía que volvería; o eso se había prometido. Ella se despedía de la cittá eterna para siempre; o a eso se había resignado.
No tuvimos tiempo de despedirnos, al igual que tampoco habíamos tenido tiempo para conocernos.
Seguro que aquella noche, en algún lugar del mundo, un ecuatoriano y una alemana hicieron el amor burlándose de la unión tan retórica entre España y Argentina.